AMOR,  SERVICIO,  VALOR  Y  FE”

LOS ÚLTIMOS DIAS DE SRI DAYA MATA

                                                             

Por Sri Mrinalini Mata

 

Elogio dado durante un servicio especial de oración para los monjes y monjas de SRF en el Centro Madre la mañana después de el transito de Daya Mataji, el 1 de diciembre de 2010,  con referencias añadidas de una charla dada el día de Navidad de 2010.

 

 

Bienamados de Ma y de Gurudeva,  con el sincero amor divino de mi propio corazón por nuestra Ma,  y con pensamientos llenos de devoción,  yo ofrezco con todos vosotros a sus pies benditos,  nuestra efusión de amor y devoción  así como nuestra aprecio por una vida que tanto ilumino las nuestras durante tantos,  tantos años.  

 

Cuando pensamos en nuestra Ma, pensamos en muchas hermosas cualidades,  porque ella era muy equilibrada.  Estaba tan saturada con la guía y el ejemplo de nuestro Gurudeva hasta tal punto,  que de la misma manera que el Maestro era infinito en su expresión,  así también nosotros pudimos ver a nuestra querida Ma bajo luces diferentes cuando respondía a diferentes circunstancias - pero siempre anclada en dos cosas:  Su enorme amor que todo lo consumía;  y su dedicación a la obra siguiendo la guía de Gurudeva,  para llevar a cabo sus deseos para la misión mundial de SRF / YSS.  Esos deseos eran sus constantes pensamientos,  y ésos pensamientos fueron los que la mantuvieron en el cuerpo durante estos muchos, muchos años.  

 

Piensen en esa ocasión en 1948 cuando le había llegado la hora de partir,  y la Madre Divina le dijo:  "Ésta es la muerte.  ¿Está lista para ella?"  Y Ma respondió alegremente:  "¡Oh, sí;  oh, sí!"   Y entonces la Madre Divina le dijo,  "Pero si te pido que permanezcas por Mí,  ¿te quedarías?"  y ella dijo,  "Oh, Madre,  ¡por supuesto!  Sí,  me quedaré"  Y con eso entregó completamente su vida y su voluntad,  todo lo que tenía en su corazón y en su alma,  a la voluntad y a los deseos de la Madre Divina y de su Gurudeva. 

 

A través de todos estos años  ella vivió su vida de esta manera:  "No lo que yo quiero, no lo que cualquiera de ustedes quieran; nosotros siempre debemos preguntarnos:  '¿Qué es lo que el Maestro quiere?  ¿Qué es lo que él haría?' "   Esto nos dio una gran luz que ilumino las huellas de nuestro Gurú  y el camino que él labró para nosotros sirviendo a esta obra.  

 

Y si vamos más allá y pensamos en lo que le dio a Ma la capacidad  -cuándo ella ya estaba libre de este problemático mundo, envuelta ya en los brazos y el amor de la Madre Divina,  y la Madre Divina le dijo:  "¿Pero si yo te pido que permanezcas por Mí?”- y ella contestó con una disponibilidad y entrega totales:  "¡Oh,  sí,  Madre!", eso fue el amor;  y ese amor era su alimento, espiritualmente su ser entero, durante todos estos muchos, muchos años.  Qué recuerdos tan hermosos  e inspiradores tenemos todos de las veces que tuvimos el privilegio de estar con ella en meditación,  y la oíamos susurrar una y otra vez:  "Oh Madre Divina,  Madre Divina, te amo, te amo.  No deseo nada más. Sólo quiero amarte".  

 

Si amamos a Ma - si queremos decirle cuánto la amamos, cuánto apreciamos la gran alegría,  la gran inspiración e iluminación que su vida nos ha dado  -hay sólo una manera,  y ella nos la recordaba una y otra vez: Ama a Dios. Como Gurudeva le decía:  “Permanece tan embriagada con el amor de Dios noche y día  que no sepas nada de nada a excepción de Dios;  y da ese amor a todos".

 

 

 

El Lema por el que Ella vivió

 

Ma tenía en su cuarto un pequeño letrero que decía:  Amor.  Servicio.  Valor.  Fe.  Ése era su lema,  su mantram.  En casi todas las ocasiones en que la vimos durante esta última fase de su vida, ella señalaba esas palabras[y decía]  "¿Veis eso?  Es la esencia completa por la que he intentado vivir".  

 

Y explicaba: El Amor significa: “Amor a Dios”. Y decía: "Yo supe desde el primer momento en que comencé a buscar a Dios que la respuesta era el amor.  Si quieres conocer a Dios, tienes que amar a Dios. Pero el amor no es pasivo; es activo.  Cuando amas a Dios, quieres entonces expresar ese amor mediante el servicio”.  Ése es el ejemplo que ella nos dejó: desde las primeras horas del alba hasta las últimas horas de noche, Ma estaba ocupada sirviendo a la obra de Dios  y sirviendo a Sus devotos en todo el mundo.  

 

¿Y qué es lo proporciona la habilidad,  la inspiración,  para amar y servir?  La fe  - la fe en Dios, la fe en las palabras y en el ejemplo de Gurudeva;  y también el valor- el valor para aceptar la Voluntad Divina,  valor para entregar a la Voluntad Divina tu corazón, tu mente, tu alma, tu fuerza.  Entrega significa sintonizarse con la voluntad,  con el amor  y con la guía de Dios  y del Gurú.  

 

 

 

Sus  Últimos  Días

 

Esas dos cualidades esenciales de nuestra querida Ma,  su amor por Dios y su deseo de servir, permanecieron con ella hasta sus últimos días,  horas,  momentos –hasta tal punto que incluso cuando Dios y el Gurú estaban abriéndole esa puerta mística de la muerte, nosotros pudimos ver que en ella aún permanecía esa naturaleza.  Por un lado ella estaba sintiendo tan fuertemente la atracción de la Madre Divina y el amor de Gurudeva,  que sólo deseaba unirse a ellos.  Pero su dedicación,  su entrega a la Madre Divina y al Maestro, como la de aquella que continuaría Su obra,  nunca la hicieron vacilar en lo más mínimo.  Ella hablaba de su preocupación,  de su interés,  de su amor,  por esta bendita obra de Gurudeva,  y de todas las cosas que aún necesitaban hacerse;  y en las que ella deseaba participar.  Y nosotros le recordábamos: "Ma,  usted ya ha cumplido con todo lo que la Madre Divina y el Maestro le han pedido.  Ellos están esperando para llevársela.  Ahora, relájese tan solo y permita que la Voluntad Divina la libere de estas responsabilidades.  Su trabajo aquí ha terminado. Servirá a Dios y al Gurú de una manera aun mayor cuando se una a Su omnipresencia,  cuando se una a Su amor."  

 

Una vez, ya al final, después de hablar con ella de esta forma, le dije: "Ma, la única cosa que usted ha deseado durante toda su vida es simplemente amar a Dios  y sentir la respuesta de la Madre Divina. Ahora sencillamente fundase en esa luz,  en ese amor de la Madre Divina". Y qué dulcemente cerro sus ojos y siguió repitiendo,  una y otra vez:  "Fundida en esa luz,  fundida en esa luz;  unida a Su amor,  unida a Su amor". 

 

Algunas otras experiencias que tuvimos con ella durante esos últimos días:  

 

A menudo compartíamos entre nosotras recuerdos de cuando estábamos con el Maestro;  y de cómo,  uno a uno de los amados seres de su círculo interno de discípulos al ir pasando por esa puerta mística, nos dejaron.   Y Ma decía:  "Me das tanta alegría al compartir nuestros recuerdos del Maestro".  

 

Y también dijo,  "¿Por qué el sufrimiento y la experiencia por la que pasé ayer?  La agradezco.  Pero no quiero pasar de nuevo por ella".  Esto sucedió durante ese período en el que ella estaba ya preparada para dejar el cuerpo,  pero todavía estaba deseando quedarse  y hacer más,  seguir sirviendo a la obra y velar por su futuro.  

 

Yo le recordé que ella había entregado su cuerpo,  su mente,  y su alma a la Madre Divina y al Maestro, y que Ellos la habían usado como Su instrumento –para ayudar a innumerables almas que habían buscado su intercesión para aliviar sus sufrimientos,  y para fomentar la obra del Maestro;  y que así como el Maestro también sufrió tomando el karma de otros y echándose sobre la espalda las responsabilidades del trabajo de Dios,  así Ma estaba ayudando a Dios y al Maestro por su sacrificio.  

 

Y ella contestó,  "Sí, eso tiene sentido  -ayudar a otros,  asistiéndolos en su karma.  Todos los días después de leer tantas cartas de los que estaban sufriendo tan terriblemente, iba a mi altar y oraba por ellos. Siento tanto amor".  Después con la más dulce expresión maternal, puso su mano sobre su corazón y permaneció en silencio.  

 

Yo le dije: "Ma,  debería descansar ahora". 

 

Y ella dijo: "Sí, te dejaré ir ahora. Pero regresa más tarde. No he terminado todavía".   ¡Así era nuestra Ma!  

 

Por la tarde cuando entré en su cuarto,  ella me habló dulcemente de su amor por mí.  Y colocó su mano sobre su corazón.  

 

"Dame tu mano",  dijo. Y la agarró muy firmemente. "El Maestro te bendice.  Él te da su sabiduría y su amor,  su sabiduría y su amor. Ten fe y valor.  El Maestro te guiará y te dará fuerza.  El Maestro te guiará. Los deseos del Maestro, los deseos del Maestro-  sigue los deseos del Maestro". 

 

Yo agradecí a Ma por todo lo que ella había hecho registrando la guía del Maestro,  y le aseguré que nosotros seguiríamos el ejemplo que ella nos había dado al dirigir la obra durante tantos años.  

 

Ella dijo: "Yo sé que tú seguirás sus ideales. Tienes mi confianza en eso". 

 

Después tomó mi mano,  la besó,  y colocó su mano con la mía en su frente,  luego en mi frente,  y después de nuevo en su frente.  

 

 

 

Su  Liberación  en  la  Omnipresencia

 

Así fue, queridos, como ella gradualmente abandonó su sentido de la responsabilidad,  nacido de un corazón tan lleno de amor divino para con todos nosotros,  para que así la Madre Divina y Gurudeva  pudieran elevarla a través de esa puerta mística,  y liberar su alma.  

 

Cuando reflexionaba en la entrada de Ma en ese glorioso estado, podía visualizar y concebir mentalmente la alegría que sería para ella el unirse a ese amor de la Madre Divina -ese amor por el que ella había orado durante toda su vida y que había experimentado en samadhi muchas veces,  pero esta vez sin el pensamiento de tener que volver a sus responsabilidades.  Y pensaba también en su gran gozo  al sentir el amor y las bendiciones,  con que Gurudeva la rodearía en ese encuentro,  y de como ella se postraría en un pranam a sus pies.  Y podía sentir como seguramente todos los seres divinos a los que amamos y que han seguido al Maestro estaban allí.  Los detalles de esa unión no son para nuestros ojos mortales,  pero fueron una completa y divina experiencia para nuestra bendita Ma.

 

Permítanme que les lea algo que escribió Guruji. Siento que esto describe lo que ella es ahora,  y cómo nosotros la conocemos ahora:  

 

"Oh devoto,  vendrá un tiempo cuando tu Ser perderá todo lo que tiene de terrenal y se volverá luz eterna, siempre ardiente y radiante,  emanando infinita alegría y entendimiento.  Tu alma, navegando a través de la luminosa región astral  detrás del mundo físico con sus millones de invitados temporales,  bendecirá a todos los moradores de la tierra entre quienes pase,  moviéndolos y despertándolos silenciosamente por medio de los susurros de la conciencia.  Cuando la pequeña alegría de tu alma  se transmuta en la beatitud ilimitada del Espíritu,  reverbera un canto liberador  en todos los corazones receptivos que buscan la verdad. Tu espíritu liberado finalmente alcanza la infinitud de la omnipresencia, el corazón de la Conciencia Cósmica,  en donde el ego confinado al cuerpo se desvanece,  habiéndose expandido en la Unidad Eterna .... donde el pequeño ser transciende todas las limitaciones mentales de la conciencia corporal,  los credos  y las razas,  y se une como el más grande Ser  en la hermandad universal con toda vida;  y de ahí logra la unión eterna con la Única Vida". 

 

 

"Díganles a todos cuánto les amo"

 

Como las escrituras de la India nos aseguran:  "De la alegría venimos;  en la alegría vivimos, nos movemos, y tenemos nuestro ser;  y en esa sagrada alegría nos fundiremos un día de nuevo". Para Ma esa alegría, esa beatitud,  tenía simplemente un aspecto:  el amor divino -el amor por Dios;  dar ese amor a Dios.  Ahora ella está recibiéndolo plenamente.  Ésa es la plenitud de la dicha. 

Ella dijo, en esos últimos días: "Trabajen todos juntos, permanezcan unidos;  sirvan a esta obra,  amen a Dios". Yo le aseguré, como estoy segura que hicieron muchos cuando estuvieron en su presencia estos últimos días, que ésa es nuestra dedicación.  Ésa es la mayor expresión -la única expresión- que ella deseaba de aquellos que aman Dios en estos sagrados ashrams, y de quienes han elegido servir a la misión del Maestro. Si desean expresar amor, reverencia, aprecio por nuestra única y ahora siempre viviente Ma,  permitir que sea mediante este compromiso:  “Amor,  Servicio,  Valor,  y Fe”.  

 

Una y otra vez en sus últimos días,  siempre que estuvimos en su presencia,  ella siempre nos decía:  "Díganles a todos cuánto les amo. Díganles a todos cuánto les amo".  Sientan ese amor,  esa inspiración,  que nos une en el pensamiento de Gurudeva, en el amor y la sintonía con él.  Ésta era su constante oración por nosotros.  Que podamos vivir,  movernos,  y tener nuestro ser en esa sintonía con Gurudeva  -siguiendo el camino que él ha trazado ante nosotros, llenos con el gozo y la inspiración,  y la luz del ejemplo de Ma,  que ella vivió tan perfectamente a lo largo de tantos años,  en los que ella se dio a sí misma su alma, siguiendo los pasos de Gurudeva.  Cuando seguimos su ejemplo,  seguimos a Gurudeva.  

 

Así pues, queridos, mucho amor de parte de Ma.  "Díganles a todos cuánto les amo".  Mantengan eso en su corazón.  Y aunque ahora ella no está en el cuerpo,  sepan que esa pequeña alma,  tan expandida por el amor divino,  se ha fundido en la Omnipresencia Divina.  

 

Siempre que pensamos en ella y en su ejemplo, en las exhortaciones que nos dio para seguir la guía de Gurudeva, sus principios espirituales, sus ideales y normas, sabemos que en su omnipresencia ella permanece con nosotros -y más aun,  quizás,  que antes, cuando estaba limitada por este mundo. Ese amor, esa inspiración y fuerza que ella nos ha impartido durante estos muchos años,  y que nunca dejará de impartirnos, siempre estará allí. Tan sólo tenemos que extender la mano y recordar a nuestra querida Ma y seguir su ejemplo de devoción, dedicación  y de servicio a Dios y Gurudeva y a Su obra.  

 

Dios les ama, queridos. Yo sé que Él los ama. Yo sé que Su Amor es el gran fuerza unificadora,  que fortalece  -la única fuerza divina que unifica en este universo  y más allá de él. Vivamos y sirvamos todos en esa conciencia - meditemos,  amemos y ayudémonos unos a otros,  y demos esa entrega de nuestras almas a Dios con plena fe y coraje –de modo que caminemos juntos,  unidos,  en esa alegría, en ese amor.  

 

Dios nos bendiga a todos. El Maestro nos bendiga a todos. ¡Jai Guru, Jai Guru!  ¡Jai Ma,  Jai Ma!

 

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