Por Sri Daya Mata
Extractos de una charla
dada durante un satsanga en la Sede internacional
de
Self-Realization Fellowship
(Revista
Self-Realization, verano 2004)
Sólo cuando
regularmente contactamos con Dios, sumergiéndonos con profundidad en la
conciencia de Él, sabemos lo que significa vivir realmente. Hasta entonces
simplemente subsistimos, permaneciendo en la limitante conciencia humana de
este mundo físico y este cuerpo mortal. Necesitamos realizarnos como seres espirituales,
dependientes del Uno que nos ha estado sosteniendo desde el principio de los
tiempos – Sólo Dios.
Meditar
cada mañana, cada mediodía y cada tarde es parte de la rutina fijada por
nuestro Gurú, Paramahansa Yogananda, para los residentes de nuestros ashrams.
Además, él nos instaba a que reservásemos tiempo un día a la semana para el
silencio y para una meditación más larga. En el día que yo elegía, iba a mi
habitación a las cinco en punto, después de finalizar mis tareas. Quizá tomaba
una pequeño vaso de leche o una pieza de fruta para que el estómago no gruñera
durante la meditación. Hacia las seis empezaba mi meditación, y continuaba
hasta medianoche.
Ahora
bien, puede no ser posible para todo el mundo meditar todo ese tiempo una vez a
la semana – como aquellos que tienen familia o los que acaban de comenzar con
la práctica de la meditación. Pero si resuelves con determinación dejar tiempo
para una meditación extra de forma regular – sea media hora, tres horas, o seis
horas- te sorprenderá cómo puedes encontrar medios de alcanzar esa meta. Cuando
te sacrificas para conocer a Dios, Él responde a ello; por encima de todo, Él
observa el corazón del devoto. Si constantemente te esfuerzas por conseguir
meditaciones más largas, esto obrará grandes cambios en tu vida –y profundizará
tu conciencia de Dios y tu amor por Él.
Recuerda,
sin embargo, que incluso más importante que la extensión de tu período de
meditación es la profundidad de tu concentración. Poco beneficia el sentarse
por largo tiempo en el asiento de meditación si este tiempo se pasa durmiendo o
con la mente vagando sin rumbo. Esto meramente establece malos hábitos en la
meditación, que se vuelven difíciles de superar. Incrementa la intensidad de tu
meditación al tiempo que incrementas la duración.
Cuando
comencé mis meditaciones semanales de seis horas, era una batalla hacer que mi
cuerpo se sentara quieto durante todo ese tiempo. Pero me dije a mí misma: “No
importa si es difícil. Este animal no me va a controlar; yo soy el alma.” Esta
clase de determinación debe existir desde el principio. Proponte determinadas
metas para ti- por ejemplo, decide que meditarás por un específico período de
tiempo, y dite a ti mismo, “Meditaré por este período”. Finalmente serás capaz
de olvidarte del tiempo y simplemente perderte a ti mismo en el pensamiento del
Divino.
¿Cuál es el mejor
programa para meditaciones largas, para mantener durante muchas horas la
comunión con Dios? En primer lugar, después de ADOPTAR TU POSTURA DE
MEDITACIÓN, invoca la presencia de Dios y los Gurús con una PLEGARIA PROFUNDA
DESDE TU CORAZÓN. Después resulta útil tener un período de CANTOS* . Puedes empezar
cantando en voz alta; luego gradualmente canta más suavemente, después en un
susurro, y por último mentalmente, como Guruji nos indica en sus Cantos
Cósmicos. O puedes sólo cantar mentalmente. De cualquier forma, lo
importante al cantar es sentir y querer decir lo que se está expresando a Dios.
Nunca
te preocupes simplemente de cantar bien, sino que canta con todo el anhelo de
tu alma, con un anhelo más y más profundo. No te quedes satisfecho hasta que tu
entera conciencia quede inmersa en la conciencia del Divino. Olvida el tiempo,
olvídate de todo lo demás, olvida incluso la sequedad de tu corazón, que pueda
estar ofreciendo resistencia. Simplemente piérdete en el pensamiento que estás
tratando de expresar a Dios. Por ejemplo, cuando Le cantas, “Mi Señor, seré por
siempre tuyo,” deja que tu ser entero quede absorbido, intoxicado, con el
significado de esas palabras. No dejes que tu canto permanezca en la
superficie; siente que estás directamente en comunión y conversando con Dios
–absorbiéndote en la conciencia cada vez mayor de ese Poder, ese Amor, ese Ser
Divino que te ama y te sostiene a cada momento. Cuando hayas aprendido a cantar
de esa forma, sabrás lo que es el verdadero canto.
Nuestro Gurú solía cantar a Dios
durante horas seguidas. Algunas veces se embriagaba tanto con la realización de
un solo pensamiento que lo repetía una y otra vez y otra vez – cantando en voz
alta, o a veces profundamente interiorizado en el canto en susurros o en
silencio. Cuando aprendes este arte de divina comunión, puede llevarte muy
rápido a lo largo del camino espiritual.
Después de haber
cantado durante algún tiempo, encontrarás que es natural deslizarse dentro de
un período de silencio meditativo, durante el cual puedes seguir cantando
mentalmente y estando en comunión con Dios. Deja que todo tu ser descanse en
Dios: “Señor, he arrojado fuera de mi todas las ansias por cualquier otra cosa.
Haz conmigo lo que desees. Sólo vivo en un pensamiento: Tú.” Continúa en esa
devoción y paz tanto como puedas, sumergiéndote en la sensación de la presencia
de Dios o conversando con Él en el lenguaje de tu alma. Cuando ese estado
disminuya gradualmente, o la inquietud del cuerpo o de la mente comience a
tomar el mando, practica la TÉCNICA HONG-SAU, y después de ésta la
TÉCNICA AUM*.
Trata de practicarlas
durante mucho tiempo. Decide que vas a dominar estas técnicas. Algunas personas
tienen la idea de que no son capaces de practicarlas profundamente o conseguir
resultados debido a que sus mentes se distraen o se vuelven inquietas o
soñolientas. No aceptes estos pensamientos limitantes. Tú puedes volverte un
experto en controlar la mente porque tu verdadera naturaleza es el alma –la
perfecta y serena imagen de Dios dentro de ti- que está más allá del alcance
del cuerpo y la mente inquietos. La forma de aprender ese control mental, y de
contactar con la paz del alma, es a través de la práctica paciente de la
técnica de Hong-Sau. Tan frecuentemente como la mente divague, tráela de
vuelta –una y otra vez si es necesario. Continúa con determinación hasta que la
mente esté fija en la práctica de la técnica. Piensa en ello como en un reto, y
decide: “Voy a probar que soy el conquistador, no el esclavo, de mi mente y mi
cuerpo inquietos.”
Cuando la conciencia
está quieta y concentrada después de Hong-Sau, entonces está preparada
para la percepción de la omnipresencia de Dios, Su inmanencia como la Vibración
Cósmica del Espíritu Santo, la Palabra sagrada de Dios que generó y sostiene
toda la creación, la Voz de Dios que se escucha como el gran Aum, o
Amén. A través de este Poder las oraciones son escuchadas y todas las
manifestaciones del Divino son dadas a conocer al devoto.
Después de haber
practicado las técnicas de Hong-Sau y Aum, si has recibido Kriya
Yoga*, entonces haz
tus KRIYAS, tantas como tengas permiso para practicar. Seguidamente, mantén de
nuevo un PERÍODO DE SILENCIO cuando estés absorbido en la paz, el gozo y la
percepción del Divino que Kriya trae –u ORANDO A DIOS, INTERIORMENTE CANTA SU
NOMBRE O CONCÉNTRATE EN ALGÚN PENSAMIENTO O PERCEPCIÓN DE DIOS QUE TE ATRAIGA
EN ESE MOMENTO.
Practicando las
partes de la meditación antes mencionadas encontrarás que ya ha pasado una hora
o dos. En este punto, si comienzas a sentirte algo inquieto, no te desanimes o
pienses que debes terminar la meditación. Lee un pasaje devocional de los
escritos de Guruji. Para entonces tu mente tendrá alguna estabilidad y te será
más fácil leer con profunda atención. TOMA UNOS CUANTOS PENSAMIENTOS DEL
MAESTRO Y CONCÉNTRATE EN ELLOS Y EN SU SIGNIFICADO. Podrías pasar media hora
con esto, absorbiendo la conciencia divina que permea las palabras de nuestro
Gurú.
Después de esto, puedes
volver a cantar, y luego a la comunión devocional y a la práctica de las
técnicas de meditación, en una secuencia similar a la anterior. Pero no
necesitas estar ligado a un patrón fijo; sigue la inspiración que fluye
naturalmente durante la meditación.
Antes de
darte cuenta, esas seis horas habrán pasado y tú estarás en un estado de
conciencia totalmente diferente. Pensarás, “Qué maravilloso es.” Es un estado
que no puede ser alcanzado simplemente leyendo o escuchando charlas
espirituales, ni de ninguna otra forma excepto a través de la meditación
profunda. Comenzarás a desear esas meditaciones largas, y harás de ellas un
hábito. Después de ver en mi propia vida lo que esas meditaciones hicieron por
mí, ¡no podía esperar a ese momento semanal de soledad! Era como entrar en un
mundo diferente; entraba en mi habitación y cerraba la puerta, y allí estaba mi
Dios esperándome. Esa conciencia puede venir a cada uno de vosotros si hacéis
el esfuerzo.
Alguien me ha
preguntado: “Si uno trata de seguir tan perfectamente como le sea posible la
rutina de meditación fijada para los renunciantes del ashram, meditando cada
día por el período de tiempo prescrito, ¿sería esto suficiente para encontrar a
Dios en esta vida?”
No, no sería
necesariamente suficiente, y les diré porqué. Primero, depende de la calidad de
la meditación. Segundo, deben ser considerados el presente estado de evolución
espiritual de uno y los impedimentos kármicos. Por último, pero no menos
importante, les daré un ejemplo: recuerdo que una vez un devoto le dijo al
Maestro, “Practico mil kriyas cada día, y todavía no estoy recibiendo la
respuesta de Dios que busco.” El Maestro le miró: “Mientras pienses que puedes
forzar a Dios a aparecer de acuerdo a la cantidad de tus meditaciones, haciendo
tu búsqueda de Él condicional a obtener alguna respuesta esperada, Él
permanecerá distante. No puedes hacer trueques con Dios como si fueras un
hombre de negocios, pensando, “Puedo comprar al Señor con tal y tal cantidad de
meditación.”
He escuchado a gente
decir, en efecto, “Bien, he decidido dedicarme al camino espiritual; me daré
cinco o diez años. Si para entonces no lo he logrado, lo dejaré.” Eso es
absurdo. Cuando tratamos de alcanzar una meta infinita, ¿Cómo podemos suponer
que nos llevará sólo unos pocos miserables años, incluso muchos años? eso es
sólo un “parpadeo en el ojo de Dios”, cuya conciencia abarca la eternidad. Ya
nos hemos mantenido apartados a nosotros mismos de Él durante miles de años,
vagando por los patios de recreo de las encarnaciones.
Lo importante,
como las escrituras nos enseñan, es que DEBES DARTE A DIOS INCONDICIONALMENTE.
Incondicionalmente significa: “No importa, Señor, el tiempo que me lleve. Sólo
sé que ya estoy en camino.” Pero no sólo se requiere el compromiso de buscar a
Dios lleve el tiempo que lleve. Debe haber también un espíritu de devoción
detrás de tu rutina y tus prácticas espirituales. Un devoto puede sentarse y
orar durante horas, pero si su mente no está enteramente con Dios –incluso si
sólo un uno por ciento de su atención está en otras cosas –no sentirá de forma
consistente la respuesta de Dios. Mientras el devoto se guarde algo para sí, el
Señor no se entregará completamente a él. El devoto que está al cien por cien
ardiendo por Dios y completamente absorbido en Él sentirá, en el momento en que
se vuelva hacia el Señor, Su divina presencia. Esto era lo que nosotros
observábamos en el Maestro. Cuando estaba en comunión con Dios podíamos ver,
por su mirada fija en su interior, que estaba contemplando el Infinito.
Recuerdo cómo en ocasiones usaba sólo una palabra al hablar al Divino: “Tú, Tú,Tú.” Su embriaguez de Dios era tan
elevadora que me encontraba a mi misma completamente desbordada por esa
devoción.
Es el espíritu de tu sadhana,
lo que sientes en tu corazón al profundizar en tu relación con Dios, lo que
finalmente te trae la divina unión –además de la práctica regular de las
técnicas. Comenzamos practicando las técnicas, y gradualmente va creciendo la
devoción al comenzar a sentir la presencia de Dios en nuestro interior.
Finalmente, el sentimiento de amor y devoción a Dios, nacido de la percepción
real, toma el mando –habiendo las técnicas preparado la conciencia para esta
realización.
Así que,
volviendo a la pregunta: ¿Qué, además de la meditación regular, es suficiente
para encontrar a dios en esta vida? PERFECCIONAR TU PRÁCTICA DE LAS TÉCNICAS,
MÁS DEVOCIÓN, MÁS LA PRÁCTICA DE LA PRESENCIA DE DIOS EN CADA MOMENTO, MÁS
ENTREGARSE A ÉL –eso es suficiente.
Suena fácil; ¡y es fácil si te decides a hacerlo!
DEVOCIÓN SIGNIFICA
PONER TU AMOR POR DIOS PRIMERO, de manera que sin importar otros deberes, te
esfuerzas por vivir en ese amor, por permanecer en la conciencia de Su
presencia como la meta suprema de tu vida. Esto es lo que el Señor Krishna le
dijo a Arjuna, que se anclara en el Divino. Cultiva una inquebrantable e
incondicional devoción, de manera que cada vez que te encuentres con las
tentaciones de este mundo que son contrarias a tu ideal espiritual, el anhelo
por Dios sea mayor. La vida siempre nos tentará; Hasta nuestros últimos días
afrontaremos la batalla contra la tentación. Pero el verdadero devoto dirá, “Oh
Señor, eres más tentador que la tentación.” ¿Por qué estar interesado en una
rama del árbol del placer cuando puedes tener el árbol entero de la verdadera y
eterna felicidad? ¿Por qué no ir tras Él, que es la fuente de todo y el Amo de
este Universo, en lugar de ir tras sus regalos temporales?
JUNTO A LA DEVOCIÓN
DEBE HABER ENTREGA, no una entrega que se haga de forma reacia o que provenga
de un sentido de la obligación, sino la que viene de dentro –entrega de
nuestros deseos, nuestro ego, nuestro corazón, nuestro cuerpo- dejándolo todo
en manos de Dios. Cuanto más trates de practicar esto, más entenderás lo que
significa.
Entrega no significa que
abandonamos nuestro sentido común. Hay una historia en la India, que el Maestro
nos contó, que ilustra esto. Un pequeño y simple aldeano vivía de acuerdo a
esta filosofía: “Dios está en todo. Por lo tanto, ocurra lo que ocurra,
simplemente me entregaré.” Un día un enorme elefante entró corriendo en la
aldea. El conductor del elefante gritó: “¡Apartaos de su camino! Se ha
desbocado, destrozará todo a su paso.” El pequeño hombre dijo, “Pero Dios está
en todo. Él está en este elefante, y por lo tanto tendré fe.”
El elefante embistió,
agarró al aldeano con sus colmillos y lo arrojó a un lado; quedó gravemente
herido. “¿Cómo es esto posible?” se preguntó. “Dios está en él; Dios está en
mí. ¿Por qué debería yo sufrir así?” Fue
a su gurú, que le había enseñado estas verdades. Pero el hombre sabio era
ciertamente muy sabio. Le dijo al aldeano, “¡Sí, pero olvidaste que Dios
también está en el conductor! ¿Por qué no le escuchaste cuando te dijo que te
apartaras del camino?”
Ver a Dios en todo en
la creación no significa que no reconozcas la presencia del peligro o el mal, o
que rechaces asumir la responsabilidad por tu propio bienestar y el de otros.
Dios es la Divina Esencia universal, pero Su creación está fabricada de maya,
y se requiere sentido común al tratar con ella.
Después viene la
PRÁCTICA DE SU PRESENCIA. El Maestro describe esto bellamente en su poema
“¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!”: al caminar, al comer, al soñar, al dormir, al servir,
al meditar, al cantar, al amar divinamente, por siempre mi alma exhala un solo
son, silente: ¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!”·*
“Al caminar...”
Esto es apasionante. Cuando me despierto por la mañana, mi primer pensamiento
no es “tengo sueño, estoy cansada”, o “Oh...otro día.” Mi primer pensamiento
consciente es, “¡Ah, mi Señor!” Es
maravilloso vivir con esa Presencia siempre contigo; pero ha de ser practicado.
No llega automáticamente.
“Al comer...” Mientras
comes, de nuevo, puedes estar pensando en Él y en Su energía vital que nos
permite asimilar nuestra comida. Con frecuencia me maravillo de este cuerpo que
Él ha creado para nuestro uso, y de las cinco fuerzas vitales† que lo mantienen en funcionamiento.
Simplemente piensa que una de esas fuerzas lleva a cabo la función de convertir
en energía la comida sólida que introducimos en esta forma –es un milagro. La
gente siempre está buscando algún milagro extraordinario, y todo el tiempo
están teniendo lugar milagros en el mantenimiento y funcionamiento de esta
forma corporal.
“Al trabajar; al
servir...” Piensa en Dios mientras estás llevando a cabo tus responsabilidades
diarias. Concéntrate en tu trabajo, pero al mismo tiempo mantén algún
pensamiento de Él en tu conciencia. No importa cuáles sean tus deberes, siempre
puedes pensar en Dios. Puede hacerse –yo lo he experimentado en mi propia vida.
Por poner un ejemplo, yo nunca dejo mi habitación por la mañana sin leer
primero un pensamiento de los escritos del Maestro. Cojo Susurros de la
Eternidad o algún otro libro de él, y oro, “Señor, ¿Qué quieres decirme
hoy?” Dejo que las páginas del libro caigan abiertas, y donde primero enfocan
mis ojos, leo lo que dice. Es asombroso –cualquiera que sea el pasaje, siempre
es válido. Lo tomo como mi mensaje de Dios y el Maestro para ese día; y
mientras estoy trabajando, de vez en cuando mi mente vuelve a lo que he leído.
Trato de practicarlo, de vivir esa verdad a lo largo del día.
“Al dormir; al
soñar...” Cuando duermo, estoy todavía con Él; mi dormir y mis sueños están
llenos de un sentido de gozo, una sensación de gran euforia. Con frecuencia
vuelo en mis sueños, remontándome a través del espacio con un maravilloso
sentido de libertad. Esa conciencia permanece cuando me despierto.
Por último, “al amar
divinamente...” Cuando amas divinamente, entiendes que es Dios al que amas en
todos aquellos a los que amas, que Él es la dulzura de toda relación amorosa
humana. Con esta realización, amas sin
egoísmo; Ves que el mayor gozo y la mayor satisfacción yace, no en recibir
amor, sino en darlo. Toda tu conciencia cambia al tratar de amar a Dios en
otros, porque en ese constante dar amor tú lo recibes. Cuando das amor de
verdad, entonces éste vuelve a ti. Así que no te preocupes de si alguien te
quiere o no, sino que abre tu propio corazón y da amor, sin pedir nada a
cambio.
Guruji solía decir que
el Divino es irresistiblemente atraído hacia el devoto que siempre está
pensando en Él. Si ese anhelo por Dios está ahí –ese sincero deseo y esfuerzo
por estar con Él en la meditación y en la actividad – entonces Él sin duda
vendrá a ese devoto.
* Cantos devocionales, como los cantos
espiritualizados compuestos por Paramahansa Yogananda, disponibles en su libro Cantos
cósmicos, publicado por Self-Realization Fellowship.
* Las técnicas Hong-Sau y Aum son
técnicas yóguicas de concentración y meditación enseñadas por Paramahansa
Yogananda. Sus instrucciones sobre la práctica de estas técnicas se dan en las Lecciones
de Self-Realization Fellowship.
* La más alta técnica de meditación enseñada por
Paramahansa Yogananda. Esta antigua técnica de la realización de Dios fue
revivida en tiempos modernos por la línea de los Gurús de Self-Realization.
·* De Songs of the Soul, por Paramahansa
Yogananda, publicado por Self-Realization Fellowship.
† El prana, o energía vital que estructura y
sostiene el cuerpo, puede ser
clasificado en cinco corrientes diferentes de fuerza vital, de acuerdo con las
diferentes funciones que llevan a cabo: circulación, metabolismo, asimilación,
cristalización y eliminación.